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Hace unas semanas el Sr. Roto entró en un restaurante muy selecto. Tenía mucha hambre y esperaba que algún cliente…

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Hace unas semanas el Sr. Roto entró en un restaurante muy selecto. Tenía mucha hambre y esperaba que algún cliente (tener[removed] compasión y que le (dar[removed] unos centavos para comprar un bocadillo. Después de entrar al restaurante, él (dirigirse[removed] a un hombre de negocios muy serio y le (explicar[removed] lo que (él: querer[removed]. Este hombre no (querer[removed] ni mirarlo. Era necesario que el Sr. Roto (acercarse[removed] a otra mesa. Desafortunadamente, pasó a la mesa de un corredor de Bolsa que no (estar[removed]de muy buen humor. Cuando el Sr. Roto le (pedir[removed] que le (dar[removed] dinero, el corredor de Bolsa (empezar[removed] a gritarle. Pero el pobre Sr. Roto tenía mucha hambre y también mucha paciencia. «Yo sé que alguien en este restaurante (ir[removed] a darme algo», se dijo. «Ese hombre allá (ser[removed] muy gordo y es posible que (estar[removed] de mejor humor.» Esta vez el Sr. Roto tuvo suerte. «Tome Ud.», le (decir[removed] el accionista gordo, «Con este dinero es posible que Ud. (comprarse[removed] una verdadera comilona». El Sr. Roto (ponerse[removed] contentísimo. ¡Una verdadera comilona! (Sentarse[removed] y cuando llegó el camarero, (darle[removed] el dinero y le dijo: «Por favor, (yo: querer[removed] que Ud. (traerme[removed] una comilona de veinticinco bocadillos».

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